Dentro de los límites de mis capacidades trato de hacer mi trabajo con la mayor conciencia y entrega posible. Cuando una persona me encarga un instrumento me gusta interiorizarme en su búsqueda. Qué espera del instrumento, su relación con la música, sus gustos estéticos, estilos musicales, características físicas de la persona. Por ejemplo, hay una gran diferencia entre una guitarra destinada a ejecutar música clásica por una mujer y otra que va a ser usada por un hombre para acompañarse al cantar. En fin, conocer las manos que recibirán el instrumento.
Durante todas las etapas de la construcción, intento pensar en la imagen sonora que me he hecho para ese instrumento en particular, por supuesto, siempre respetando el diseño, las dimensiones y los aspectos estéticos acordados. Como músico y luthier hace años vengo persiguiendo ideales sonoros, y si bien es muy probable que esa búsqueda jamás sea del todo satisfecha, puedo jugar con las distintas combinaciones de maderas, sus espesores y su tratamiento, como así también con las partes componentes de una guitarra para acercarme a las características tímbricas deseadas.
También creo importante destacar, que una vez entregado el instrumento, hago un seguimiento del mismo para saber cómo madura con su uso y con el paso del tiempo, y si es necesario algún mantenimiento en particular.